fbpx

El otra día fui testigo de varias conversaciones que me sorprendieron: Ahora dedícate a disfrutar que eres joven, y cuando vuelvas ya buscarás un trabajo de verdad. (madre hablándole a su hijo de unos 20 años que se iba tres meses de viaje mochilero). Le hacemos estudiar piano para darle cultura musical, pero no se dedicará a eso. No es un trabajo serio. Además se necesita demasiado sacrificio para no ganar nada (un padre hablando de su hija de 10 años)…

Un trabajo de verdad

¿Dónde estaba el deseo de estos niños? ¿Y cuando sean adultos?….. Y tus sueños, ¿dónde han quedado?

Te pasas una buena parte de tu tiempo en el trabajo, algunos de tus amigos son compañeros del trabajo y te organizas tu tiempo alrededor del trabajo. Estudias una carrera, un master, uno o varios idiomas, para conseguir un buen trabajo. Años y años dedicándote a la búsqueda del trabajo que agrade a todos, aquel que te hará brillar delante de tus padres, de tus amigos, de los demás, de la sociedad… o al menos te hará ganar dinero… para ser “alguien”.
Nos han educado para ello, para trabajar, para mantener esta sociedad que manipula y que procura que nadie se salga de ella. Desde la tierna infancia la educación está enfocada para ello. Las asignaturas importantes son las que te van a llevar a un “buen trabajo”.

El sistema educativo

Las asignaturas que nos enseñan a pensar, a decidir, a crear, a ser nosotros, a definir nuestros valores… esas son secundarias.

 

Alguien me dirá que actualmente está cambiando el sistema educativo y que se van introduciendo nuevos conceptos como la creatividad, la meditación… es verdad. Pero no se ha movido la escala de valores educativo, de momento no tienen la misma importancia ni el mismo estatus que tienen las “importantes”. Aún estamos educando para producir. Para terminar teniendo un trabajo que te permita ganar dinero y ser útil a la sociedad. Y hay que tener en cuenta que esta “utilidad” está vista desde una perspectiva exclusivamente material.

Que mejor que aportar paz y amor a nuestro universo…

Es muy posible, para no decir casi seguro, que estés trabajando en un sitio en donde no te llevaron ni tus sueños, ni tus deseos, si no que otros te han señalado ese camino. La ruta te la dieron y te han ido marcando para que no te desvíes de ella.

Plántate, plantéate.

El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora.

Y exactamente eso es a lo que te invito, (no a plantar un árbol 😉aunque sea una buena idea), sino a plantarte tu de una manera metafórica. Ahora es un buen momento para plantearte que haces aquí. Como es el puerto en que estás atracado.

¿es la ruta que has elegido libremente?

¿está tu trabajo alineado con tus valores?

¿vives realmente como te dicta el corazón?

¿persigues tus sueños y deseos?

¿estas trabajando para mantener tu proyecto de vida?

Te invito a que reflexiones sobre estas preguntas, a que cojas papel y lápiz y respondas sinceramente.

La mayor parte de tu tiempo…. trabajas

Piensa que la mayor parte de tu tiempo lo dedicas a trabajar, horas, días, años invertidos en un trabajo… es mucho tiempo para que no sea una decisión tuya. Solo tuya. Nacida de tus deseos y de tus sueños. Sin interferencias, sin presiones. Que te ganes el dinero y lo que necesites con aquello que realmente te apasione, con aquello que tenga un valor para ti, es algo que te da una perspectiva diferente de la vida.

 

Trabaja en aquello que amas, que sientas que es parte de ti, que es parte de tu misión en la vida, por lo que te aporta y por lo que tu aportas. Busca dentro de ti y sal de lo estipulado… en los procesos de búsqueda interna puede pasar cualquier cosa, cuando abres el cofre del tesoro no sabes que puedes encontrar. Lo que es seguro, es que es transformador

Reflexiona en los puertos importantes

Ser sincero con uno mismo es doloroso, lo sé. Lo sé porqué a mi me ha pasado. Darme cuenta que me había dejado llevar, que no estaba viviendo desde el corazón. Estando en un trabajo que me ahogaba, que me restaba más que me sumaba. En ese momento no fue fácil aunque lo hice… me fui. Desde entonces, de tanto en tanto me paro y reflexiono sobre mi trabajo, sobre cómo me siento, a que le dedico mi tiempo, a descubrir mis prioridades y necesidades y ver si está todo en orden. Me paro, descanso y miro en mi interior. Hay puertos que invitan a ello, escucha las llamadas a la reflexión.

Descubrir si realmente estoy en el sitio que quiero estar es una reflexión que hago de una forma constante. Las prioridades cambian al igual que las necesidades. Y es a lo que te invito que hagas a través de unas cuantas preguntas:

Preguntas de reflexión

#1 ¿Cómo te despiertas el lunes? Si realmente el lunes es un auténtico suplicio plantéate que estás haciendo. La infelicidad que llegas a acumular, el dolor, el vivir fuera de la linea de tu corazón. Mira a tu alrededor y como te afecta en tu cuerpo, en tu alma, en tus emociones y en todos aquellos que tienes a tu alrededor.

#2 ¿Realmente los valores de tu empresa están alineados con los tuyos? Y no hace falta que sean los mismos. Lo que no pueden estar es pisoteados. Analiza como te sientes, que fricciones hay y como te afectan. ¿Conoces tus valores?… pues empieza por allí

#3 ¿y si te quedara un dia de vida? ¿o un mes? De que te arrepentirías, de que estás a tiempo de cambiar ahora mismo.

#4 Si te tocara la lotería, una inmensa cantidad de dinero ¿Te despedirías de tu trabajo? ¿Cómo lo harías? ¿Qué te dice la manera en que les dirías adiós? La manera en que te imaginas diciendo adiós dice mucho de cómo estás, de como te sientes y como te afecta.

#5 ¿Están tus prioridades en primer lugar? Las conoces, vives y ordenas tu agenda acorde a ellas. Hacerlo te da la tranquilidad de estar y vivir acorde a tus sueños y deseos.

En conclusión

¿Qué te han dicho tus respuestas?… ¿qué conclusiones sacas de todo ello?… te invito a reflexionar y a elegir el camino donde tu corazón te hable.

Ya sabes… si no quieres perderte ninguno de mis post apúntate a mi newsletter 🙂 me encanta recibir a nuevos navegantes.

Desde la sombra de las velas. Un enorme abrazo

Adriana

Tu Coach en el Mar